A veces me siento en frente de la televisión y siento que nada encaja. Que todo lo entregan hecho, sin espacio para la imaginación. Y es cuando recuerdo esas viejas series de televisión que disfrutaba cuando chico, tomando once después del colegio o tapado hasta las orejas en las noches de invierno. La nostalgia se apodera de mí y siento que es necesario rendirles un homenaje, a veces no por su calidad o trascendencia, sino que sólo por la enorme cantidad de horas de diversión que me entregaron en su momento. Es tiempo de recordar.
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